IV. Este era un País…

IV. Inicio

Desperté y el dinosaurio seguía aquí. ¿Dónde estuvimos toda esta noche? Parece que fue hace unas horas cuando salía a mirar el ambiente festivo de la calle, la noche del dos de julio de hace doce años. El último presidente del pri, Zedillo, aparecía sonriente en la televisión para anunciarnos que ochenta años de historia terminaban. ¡Por fin lo habíamos logrado! ¡Echar al pri del gobierno, echar las crisis económicas, echar la corrupción, la injusticia, el autoritarismo, el robo, la dictadura perfecta, eso! En las calles de Coyoacán los sentimientos eran encontrados, los seguidores de Cárdenas por una parte andaban con sus pendones colgados a la espalda, retirándose cabizbajos, pensando quizás que esta victoria que yo le atribuía al pueblo, sería una jugada más para el sistema, para el pri disfrazado de azul; por otro lado estaba un grupo de muchachos estacionados frente a mí, esperando a que cambiara la luz del semáforo, era una espera que había durado ocho décadas, cientos de páginas de un libro de historia que nunca reconoció el gobierno, que nunca leyeron pero que llevaban sin advertirlo en sus miradas y, en la energía contenida de sus corazones que espontáneamente estalló de pronto en pitidos y gritos y porras. Esa noche, los autos cantaban una sinfonía de victoria que parecía de esperanza. Y pasamos la noche y, seis años después despertamos en la misma cama, con Martha, y la misma corrupción, y la misma injusticia, y la crisis, y el robo, y la dictablanda. Luego vino la guerra sucia o las nuevas elecciones. Llego un presidente electo por un margen insignificante y dudoso. Los diputados de izquierda le impidieron entrar al congreso a tomar protesta de su cargo tachándolo de ilegítimo, históricamente a este hecho se le llamaría “Golpe de Estado”, pero este es país de la caracterización y del disfraz y nunca se reconoció dicho golpe. Y como dispone el “handbook” de la historia de las dictaduras, el presidente se refugió con el ejército. A las pocas semanas de entrado en funciones anunció una ofensiva sin precedentes contra el crimen organizado. Y yo pensaba: ¿Será que por fin meta a la cárcel a los viejos priístas, o a las mafias de los sindicalistas o, a las mafias de los empresarios más ricos del país capaces de vender el alma de sus madres por un dólar? No, no.
No. Se refería a otra mafia, una que de repente amanecía junto a nosotros, y que ingenuamente nunca percibimos sino hasta escuchar el cañón de sus metralletas, sustituyendo aquél de bocinas que anunciara a la esperanza, aquella lejana noche del 2000. La primera noticia de una incursión de una banda (de narcos), armada hasta los dientes en un pacífico poblado del norte del país, la vi en el televisor. Entonces comprendí que el dinosaurio nunca se había marchado que seguía allí y esta vez las urnas no lo iban a echar.

III. Este era un País…

III. Pusilánimes

“México no cambiará. Para eso nos haría falta aquella juventud de los sesenta y los setenta, y no esta debilucha, pusilánime, acomodaticia, simplona, domesticada”. Con esta sentencia de David Toscana en La jornada, terminó el año de 2011.

Así como la falta permanente de un recurso conduce a la extinción del mismo, la falta de ánimo o de vida, que connota la palabra pusilánime nos alude a la muerte, y lo muerto es aquello que permanece inmóvil, ajeno a lo que en su entorno transcurre o acontece. La juventud en cambio es un estado dinámico en una transición o florecimiento de sus capacidades, razonamientos, inquietudes, y pasiones. En este sentido, la juventud de los setentas no es diferente a la de los noventas o a la actual duomilenaria; los medianos y los grandes cambios sociales y culturales son resultado de la aritmética suma de otros más pequeños. La explosión demográfica urbana, la invención de nuevas manifestaciones artísticas, la influencia mediática del radio y la televisión, permitieron la propagación de ideas y sentimientos que se contrapusieron al status quo de aquellas décadas. La juventud de hoy se debate en una transición compleja, por un lado se encuentra con un pie en la adolescencia, inundado y embriagado de la anti-ideología consumista del duopolio televisivo (televisa y tvazteca), por otro lado con un pie en la adultez salvaje, pre-consciente (y escocido) de las carencias económicas y culturales de la familia, el barrio, el país que o lo lanzan al negocio fácil de la delincuencia o lo entierran bajo la lápida de la indolencia. Sólo unos cuantos se salvan de la estadística y son los menos, los otros los “ninis” son la carne que todos devoran, líderes de opinión (entre ellos, escritores), los políticos o la iglesia. Los otros, los que se salvan se evaden, se sumergen en sí mismos y en su mayoría concurren en un mundo virtual, el facebook, el twitter. Las redes sociales abarcan el mayor interés de la juventud acomodada y, es dentro de estos mundos donde es posible sucumbir, nuevamente, bajo esa oscura losa de la indiferencia. Paradójicamente, es el internet la única dimensión donde puede ser vencida la dictadura del raiting televisivo, pero en México ese medio es aún una autopista de paga y muy cara. Aún en youtube pueden verse los videos donde dos estudiantes de la Normal de Ayotzinapa son sacrificados, asesinados, por las “fuerzas legales” del estado mexicano durante una marcha donde se exigían derechos legítimos para los estudiantes campesinos de Guerrero. Aún, pueden verse sin censura videos donde marcha la juventud del pueblo; los escritores y presentadores del país pueden llamarlos soñadores, vándalos, terroristas, sin embargo en esa acción organizada de desagravio popular no encuentro un instante digno para el adjetivo pusilánime.

II. Este era un País…

II. Olvido

Luego de reprender severamente a su prole “@Pau_95Pena”,  cancelando despiadadamente su cuenta de twitter, el candidato se concentró en el siguiente acto de campaña. Limpiar esa apariencia de iletrado y limpiar esa de ignorante de las economías del pueblo proletariado, pueblo que pretendía gobernar. Para ello requeriría una acción magistral -o magisterial- que revirtiera en un par de actos la campaña de desprestigio orquestada por sus enemigos políticos o por la “prole twittera” como cariñosamente la llama su pequeña vástiga Pau.

El problema con el acto político a diferencia del acto sexual, es que la impericia queda expuesta ante la mirada crítica de la opinión pública y no púbica.  Así que ese día que sería finalmente el abanderado oficial del DRI-nosaurio, haciendo de tripas corazón, se levantó muy temprano y contra su costumbre ensayó el discurso que su secretario había dejado sobre el gabinete. Horas más tarde ya frente a la tricolor masa de seguidores y admiradoras, cobijado por los cálidos reflectores del auditorio con el corazón temblando, de impaciencia, se animó a pronunciar uno que sería de los más memorables discursos políticos de su campaña. Según sus asesores, este discurso sería el del desagravio y el del ¿por qué no? orgullo metrosexual. Eligió para su aparición pública, una camisa blanca, “que represente la pureza de su espíritu, la paz y el patriotismo” tropical, que impida la distracción del espectador  y realce su fina estampa, caballero.  Y ante la multitud lanzó la caña a ese mar electrónico que en instantes dispersa las palabras. “Es cierto, es cierto, puedo olvidar el título de un libro” reiteró palpitante, y continuó: “pero lo que no olvido es la violencia, la pobreza y la desesperanza que vive México” Esas palabras retumbaron en los oídos de la concurrencia como el de un estruendo bélico, como un doce de diciembre con cohetones ensordecedores. Esas palabras sabias que no podían sino cosechar desde las miradas expectantes un impulso catártico de palmear furiosa y religiosamente su sonoridad y contenido emotivo. Algunos presentes incluso gritaron para desahogar esa emoción despertada que de inmediato exigía una ruta de escape. Los aplausos cayeron sobre el candidato como serpentinas de papel multicolor. Su arenga fue un éxito. El problema es que alguien en este país, al igual que el candidato tampoco puede olvidar la desesperanza que sembraron año tras año las atrocidades de esa dictadura-dictablanda que fueron los tíos abuelos y los tíos tíos de ese astroboy de petatiux que presume inocencia y apela a la mala memoria histórica del pueblo.  Pero el pueblo nunca olvida.

Este era un país, con los pies de trapo…

I.
En los labios del candidato se dibujó un horizonte. El reloj debajo del prompter accedió a su deseo y se detuvo las milésimas de segundo suficientes para escupirle al entrevistador con una serena y elástica sonrisa, un ahogado y mudo: “hijo de puta, hijo de la re gran puta, hijo de la rechingada, otra vez intentan joderme”. Y pensó que él no era un hombre de respuestas sencillas y pensó en una confabulación de los pendejos proles que deberían votar por él y obedecer y, no andar de filósofos preguntando si sabía quién chingados escribió tal o cual libro, al fin, los mexicanos leen entre todos juntos uno o dos libros al año, ¿qué esperaban de mí, qué fuera corrector del Tv-novelas? Pensó en El Padrino, quien tanto se empeñó en prepararlo no para resistir, sino para revertir los embates de sus enemigos, ¿qué respondería a una pregunta tan pedestre, tan prole? Por un milisegundo pensó en su hermosa hija, y en el novio, quizá ellos responderían con mejor precisión que él mismo. Si tan solo hubiera abierto la sección de finanzas de La Prensa, esa mañana. Sus pupilas buscaron el reflejo de su sombra, encontró su silueta erguida y sin mancha, su pelo perfectamente engominado. “Conteste lo primero que le venga a la mente y pase de inmediato a otro tema” había sido instruido por su asesor de imagen, el mejor que haya tenido un precandidato de los gobiernos revolucionarios. Pero he allí el problema, nada venía a su mente sino los rostros endurecidos de sus guaruras del estado mayor presidencial, esos rostros que no hubieran dudado en lanzarse como meteoros de fuego sobre los micrófonos de los reporteros. Durante unas milésimas de segundo dudó entre responder: un dólar. Pero lo habrían acusado de “vende patrias”. Luego pensó que era injusta esa pregunta “¿cómo iba a saber lo que cuesta un kilo de tortillas en México?, si para comenzar hace años que no había comido una, eso es alimento para proles. Acaso a Obama le preguntan ¿cuánto cuesta un miserable hot dog? o al Papa ¿cuánto le cuesta una oblea?” En ese milisegundo se iluminó su rostro. Sus músculos se relajaron nuevamente, una sonrisa terminó de dibujarse en su rostro, hasta su famoso copete si hubiera sido un gallo de lidia hubiera lanzado un quiquiriquí triunfante. Se inclinó, acercándose ligeramente al entrevistador, como quien hace una confidencia. Resuelto con ese as bajo la manga, respondió: No soy la señora de la casa.

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