II. Olvido
Luego de reprender severamente a su prole “@Pau_95Pena”, cancelando despiadadamente su cuenta de twitter, el candidato se concentró en el siguiente acto de campaña. Limpiar esa apariencia de iletrado y limpiar esa de ignorante de las economías del pueblo proletariado, pueblo que pretendía gobernar. Para ello requeriría una acción magistral -o magisterial- que revirtiera en un par de actos la campaña de desprestigio orquestada por sus enemigos políticos o por la “prole twittera” como cariñosamente la llama su pequeña vástiga Pau.
El problema con el acto político a diferencia del acto sexual, es que la impericia queda expuesta ante la mirada crítica de la opinión pública y no púbica. Así que ese día que sería finalmente el abanderado oficial del DRI-nosaurio, haciendo de tripas corazón, se levantó muy temprano y contra su costumbre ensayó el discurso que su secretario había dejado sobre el gabinete. Horas más tarde ya frente a la tricolor masa de seguidores y admiradoras, cobijado por los cálidos reflectores del auditorio con el corazón temblando, de impaciencia, se animó a pronunciar uno que sería de los más memorables discursos políticos de su campaña. Según sus asesores, este discurso sería el del desagravio y el del ¿por qué no? orgullo metrosexual. Eligió para su aparición pública, una camisa blanca, “que represente la pureza de su espíritu, la paz y el patriotismo” tropical, que impida la distracción del espectador y realce su fina estampa, caballero. Y ante la multitud lanzó la caña a ese mar electrónico que en instantes dispersa las palabras. “Es cierto, es cierto, puedo olvidar el título de un libro” reiteró palpitante, y continuó: “pero lo que no olvido es la violencia, la pobreza y la desesperanza que vive México” Esas palabras retumbaron en los oídos de la concurrencia como el de un estruendo bélico, como un doce de diciembre con cohetones ensordecedores. Esas palabras sabias que no podían sino cosechar desde las miradas expectantes un impulso catártico de palmear furiosa y religiosamente su sonoridad y contenido emotivo. Algunos presentes incluso gritaron para desahogar esa emoción despertada que de inmediato exigía una ruta de escape. Los aplausos cayeron sobre el candidato como serpentinas de papel multicolor. Su arenga fue un éxito. El problema es que alguien en este país, al igual que el candidato tampoco puede olvidar la desesperanza que sembraron año tras año las atrocidades de esa dictadura-dictablanda que fueron los tíos abuelos y los tíos tíos de ese astroboy de petatiux que presume inocencia y apela a la mala memoria histórica del pueblo. Pero el pueblo nunca olvida.