III. Pusilánimes
“México no cambiará. Para eso nos haría falta aquella juventud de los sesenta y los setenta, y no esta debilucha, pusilánime, acomodaticia, simplona, domesticada”. Con esta sentencia de David Toscana en La jornada, terminó el año de 2011.
Así como la falta permanente de un recurso conduce a la extinción del mismo, la falta de ánimo o de vida, que connota la palabra pusilánime nos alude a la muerte, y lo muerto es aquello que permanece inmóvil, ajeno a lo que en su entorno transcurre o acontece. La juventud en cambio es un estado dinámico en una transición o florecimiento de sus capacidades, razonamientos, inquietudes, y pasiones. En este sentido, la juventud de los setentas no es diferente a la de los noventas o a la actual duomilenaria; los medianos y los grandes cambios sociales y culturales son resultado de la aritmética suma de otros más pequeños. La explosión demográfica urbana, la invención de nuevas manifestaciones artísticas, la influencia mediática del radio y la televisión, permitieron la propagación de ideas y sentimientos que se contrapusieron al status quo de aquellas décadas. La juventud de hoy se debate en una transición compleja, por un lado se encuentra con un pie en la adolescencia, inundado y embriagado de la anti-ideología consumista del duopolio televisivo (televisa y tvazteca), por otro lado con un pie en la adultez salvaje, pre-consciente (y escocido) de las carencias económicas y culturales de la familia, el barrio, el país que o lo lanzan al negocio fácil de la delincuencia o lo entierran bajo la lápida de la indolencia. Sólo unos cuantos se salvan de la estadística y son los menos, los otros los “ninis” son la carne que todos devoran, líderes de opinión (entre ellos, escritores), los políticos o la iglesia. Los otros, los que se salvan se evaden, se sumergen en sí mismos y en su mayoría concurren en un mundo virtual, el facebook, el twitter. Las redes sociales abarcan el mayor interés de la juventud acomodada y, es dentro de estos mundos donde es posible sucumbir, nuevamente, bajo esa oscura losa de la indiferencia. Paradójicamente, es el internet la única dimensión donde puede ser vencida la dictadura del raiting televisivo, pero en México ese medio es aún una autopista de paga y muy cara. Aún en youtube pueden verse los videos donde dos estudiantes de la Normal de Ayotzinapa son sacrificados, asesinados, por las “fuerzas legales” del estado mexicano durante una marcha donde se exigían derechos legítimos para los estudiantes campesinos de Guerrero. Aún, pueden verse sin censura videos donde marcha la juventud del pueblo; los escritores y presentadores del país pueden llamarlos soñadores, vándalos, terroristas, sin embargo en esa acción organizada de desagravio popular no encuentro un instante digno para el adjetivo pusilánime.