Poética 1.0 / Chiles en Nogada
La poesía como la cocina, es un acto que atañe al espíritu humano en un sentido vital, y artístico, y lúdico. Degustar un guisado y discernir si es bueno o no, requiere un proceso de aprendizaje más o menos formal, de tal suerte que la maestría y hechura del Grand Chef influye en la cosmovisión del poeta novel. Imbuido en este razonamiento, he decidido ingresar al Taller de Alicia García, adoptándola como una mentora involuntaria, en esta búsqueda personal de la poesía.
Mi primer encuentro con Alicia, ha sido en la escalinata de la universidad. Ha sido una cordial presentación, y un reconocimiento preliminar a su pensamiento y sensibilidad sobre los temas poéticos. Mientras habla, recuerdo de la infancia, que en casa de mi abuela paterna, había un enorme árbol de nueces. La nuez es un particular fruto o semilla que crece entre un espeso follaje verde; me parece que Alicia guarda una semejanza con la nuez. Pues este fruto está envuelto por tres distintas capas que representan ciertos estados humanos. La primera de estas capas, es suave y gruesa, me parece que en el árbol de mi abuela, de esta primera piel, se advertía su verdor desde principios de junio. Esta piel se torna como el cuerpo humano, en una masa marchita conforme se acerca agosto. Antes, empero, de morir, esta piel, otrora turgente, es empleada para elaborar un tinte con el que se marcan los dígitos de los electores, para prevenir que no voten más de una ocasión. La segunda capa de la nuez, la más conocida, es un ovoide o carcasa de color agradable, ligeramente parduzco. Este material, no sirve para nada, excepto para contener un precioso “bi-cerebro” o fruto, que, mi madre muele y mezcla con crema para elaborar una salsa, la nogada. La tercera capa del fruto es una dermis o piel morena que, en nuestra impaciencia infantil obviábamos y engullíamos sin importarnos, que ocasionalmente, hacia de la nuez, un fruto ligeramente amargo.
Como el árbol de nuez, un mentor poético, debe poseer frutos generosos como la nuez, frutos que al ir desenvolviendo, nos vayan revelando sus secretos dulces o amargos. Alicia, sin duda es un involuntario nogal.
Poética 2.0 / Peces Místicos
Una lección importante he aprendido de Alicia García; como los grandes alumnos del renacimiento, imagino a Tintoretto repasando los trazos coloridos de Tiziano. De esta manera, la poeta, transcribe verso a verso, poemas de Eliseo Diego en la pizarra, con la paciencia de un alumno que inicia el recorrido de los trazos de sus maestros. Esta técnica de transcripción nos conduce al análisis del poema, nos descubre el paisaje y sus elementos. Nos devuelve también, la humildad de saberse un intérprete del instante.
En cierto momento de esta sesión, le extiendo un poema de Luis Antonio de Villena, titulado “El nombre de la desesperanza”. Al ir transcribiendo, de espaldas a los aspirantes a poetas, la mentora comenta la semejanza del lenguaje de de Villena, a Rimbaud y luego, inevitablemente a Bukowski. En este poema, el poeta no se presenta como un crítico moral, tanto como un observador que describe con cierta ironía a un viejo pederasta. Al concluir su transcripción, Alicia me pregunta por qué me gusta el poema. Como siempre me ocurre, lo primero que digo es un disparate digno de un mal diletante: me gusta la temática, el lenguaje.
Quería y no dije, que cuando era un adolescente, frecuentaba un amigo del colegio: Neto, le decían. Cierto día, visitamos a su hermana, quien vivía en una colonia al pie del Cerro de la Estrella. Hacía unas horas que los dos pequeños hijos de esta mujer habían sido “levantados” a una calle de su modesta vivienda. En un auto con cristales opacos, se habían llevado a un pequeño y a una niña de escasos nueve o diez años. Fue un encuentro dramático con el dolor de la incertidumbre de una madre. Y yo no comprendía que mierda hacía un alguien llevándose un par de indefensos niños a que extraño lugar. La policía, como siempre, hacía que hacía. Pasaron unos días, tres o cuatro. Finalmente en los andenes de la terminal camionera del sur, los chicos fueron encontrados. Habían sido abandonados con algunos pesos, por los mismos raptores del auto de cristales opacos.
Dennis Lehane, en su novela Mystic River, nos cuenta una historia paralela a la de los sobrinos de Neto. En ella, el chico agraviado representa una doble víctima de su trágica vida. Un cierto alivio, un cierto resarcimiento tiene el Dave, protagonista de mystic river, al “salvar” a un adolescente de otro pederasta, golpeándolo hasta la muerte. Al inicio de la historia, Dave, pasa por la calle donde ocurrió su rapto y no puede evitar que venga a su memoria aquél infierno. Al ser interrogados, los sobrinos de mi amigo, narraron con inocencia rota, los hechos de pederastia que les habían infringido. Como Dennis Lehane, ocasionalmente, cuando paso por la Terminal del Sur, no puedo evitar pensar en ellos, y en su madre deshecha. Para mí, no son sapos del subway, son sapos del roadway, al acecho de su propia infamia.
Poética 3.0 / Verso Lánguido
El tiempo es un concepto que se desborda por naturaleza propia, y la visión o percepción del poeta Octavio Paz, es la de un músico, que escucha la interpretación de la lluvia, de ése escurridizo tiempo, como un murmullo. Hemos leído un poema de Paz, “óyeme, como quien oye llover”. En otras circunstancias, leer a Paz, sería como leer a Platón, al pie de una escalinata de mármol, bajo la dura mirada del filósofo que canta. En tiempos recientes he leído ser llamado a Paz, como un “hechicero de las palabras”, y creo que es acertado. En nuestras circunstancias “modernas”, sin embargo, existe un cierto distanciamiento de la filosofía en la poesía. Esto no es particularmente bueno o malo, pero sí, un síntoma de que no vivimos los tiempos de Séneca sino los de Nerón y Burro.
Explica el diccionario de la RAE, que “lánguido” es un adjetivo que denota en primer término algo o alguien flaco, débil, fatigado, también puede ser alguien de poco espíritu, valor o energía. Una frágil flama que se apaga. Alicia inicia la lectura de mi poema “Pétards Raquettes”, en su opinión el uso de la figura “carne más lánguida” es inadecuado, es un poema, dice, que en cierta forma evade su tema central, su esencia. Es un poema con sobradas palabras digamos, estridentes. Dice Alicia en su ensayo, “El paisaje y la ignorancia”, que:
“la tensión termina por ser un rasgo característico de la escritura y del escritor. Cuando los poetas niegan esta tensión y sólo se sumergen en las palabras, evadiendo que además miran sin querer algún otro horizonte, pierden fuerza.”
Creo que es verdad, que un suceso como la noticia instantánea de un atentado terrorista en una plaza, repleta de gente, cuando celebraba el aniversario de la independencia, es un paisaje autosuficiente de tensión y emociones encontradas. Recuerdo que en milenio diario, días después de aquél atentado, Eliseo Alberto escribió: Nadie se había atrevido a cometer un sinsentido semejante en la historia de México -ni los narcos ni los guerrilleros ni los paramilitares ni los asesinos en serie. Ni los locos. Yo tengo miedo. Tengo mucho miedo. Miedo con cojones, como decimos en mi isla -mi pobre isla, atormentada por tantos y tantos ciclones de la furiosa naturaleza y huracanes políticos, eternos y tercos.
Poética 4.0 / Al fruto, por su árbol lo conoceréis – Carta a Alicia García.
Estimada Alicia:
Últimamente he pensado en esas generaciones de poetas que nunca fueron leídos, que se resguardaron tras el nudo de un legajo de notas o en la anónima contraseña de un archivo de office o más allá, que nunca supieron que eran poetas. Y hasta hace muy poco tiempo, creo esa era mi naturaleza. Y pienso, en los grandes pintores del renacimiento y en los grandes filósofos griegos, reunidos en un espacio propicio, en tiempo y compañía, para la comunión de la idea, la observación y la experiencia.
Quiero hacer público que asistir a tu taller ha sido esa experiencia reveladora. Asistir al taller es sentarse a escuchar la voz de una poeta, que transmite una urgencia sobre su parecer poético. Y en tu voz, se escucha el eco del timbre de otros poetas –Segovia, Morábito, Eliseo Diego, Machado-, y entiendo que a este timbre particular de nuestra lengua, le reconoces una tradición.
Para un poeta anónimo, la importancia de saberse acompañado en el trayecto vital de la expresión, es primordial en tanto reconoce un valor que lo desborda pero que, al mismo tiempo, lo contiene, en el acto de escribir a través del verso, su relación con el cosmos y el significado de esta relación. Decir también –dentro del desorden de ideas atropelladas-, que no siempre he coincidido con ciertos aspectos “minimalistas” de la poesía, o con el ensimismamiento de los poetas, o con la reflexión mística del lenguaje, porque creo que el lenguaje es un sentido vivo del hombre y un reflejo de su pensamiento.
Hace unos meses que he dejado el anonimato del garaje, y hoy mi poesía, o mi decir poético me lo agradece, porque dentro de estos muros del Claustro, me siento como Joey Ramone en su adolescencia, yendo a un taller-concierto de Velvet Underground.
Recibe un abrazo con mi admiración a tu persona y a tu obra.
Eduardo R. de la Cruz
_________________________________________________________
Esta es la historia de la semana y un miércoles -el oscuro, el abolido-, una construcción poética con la esperanza y la confesión de su autor.
COMIENZA UN LUNES
Eliseo Diego
la eternidad por fin comienza un lunes
y el día siguiente apenas tiene nombre
y el otro es el oscuro, el abolido.
Y en el se apagan todos los murmullos
y aquel rostro que amábamos se esfuma
y en vano es ya la espera, nadie viene.
La eternidad ignora las costumbres,
le da lo mismo el rojo que azul tierno,
se inclina al gris,al humo, a la ceniza.
Nombre y fecha tu grabas en un mármol,
los roza displicente con el hombro,
ni un montecillo de amargura deja.
Y sin embargo, ves , me aferro al lunes
y al día siguiente doy el nombre tuyo
y con la punta del cigarro escribo
en plena oscuridad: aquí he vivido.
__________________________
Gracias a Bernardo Salazar, por haber tenido que volver a comprar el libro de Eliseo Diego -Desde la eternidad-, y transcribirlo.